N° 29

Tipo de documento: Traducción (Creación)
Niall Binss

Profesor de Literatura en la Universidad Complutense y poeta*

Traducir a Dylan Thomas

Fue por el año 2000 cuando Ángel Luis Vigaray, director de Signos -una pulcra colección que ha publicado a Vicente Huidobro, Rosamel del Valle, Jorge Teillier y Enrique Gómez-Correa-, me habló de su sueño de publicar a Dylan Thomas. Circulaba en España nada más que una antigua antología en Visor y la idea original fue rescatar y revisar una traducción muy superior, pero inencontrable, hecha por la argentina Elizabeth Cranwell. La noción de retocar un trabajo tan valioso me pareció casi inmoral y, después de varios aplazamientos del proyecto, decidí emprenderlo de cero en colaboración con la poeta madrileña Vanesa Pérez-Sauquillo.

Dylan Thomas es quizá el poeta británico más "difícil" del siglo XX -un poeta, como él mismo dijo, que escribía "poemas que ni mi propia madre entiende"-, pero es también el más querido. Hay grandes admiradores de Wilfred Owen, de W.H. Auden, de Ted Hughes y de Philip Larkin, pero no se les quiere como a Thomas. Esto se debe en parte, por supuesto, a su leyenda de poeta maldito y esos dieciocho whiskys terminales; también a su voz resonante, que "conquistó" a los Estados Unidos como antes lo habían hecho Charles Dickens y Oscar Wilde y como volverían a hacerlo, una década después, los Beatles. Pero se trata, sobre todo, de la sensación que tiene el lector de estar ante el último de los vates: aunque cueste a veces desentrañar un sentido y aunque entusiastas de lo claro repudien el intrincado aire de profecía, hay, en el redoble hipnótico de la música de Thomas y en la sombría revelación de sus imágenes, otra forma de comprensión; ese entendimiento sigiloso y entrañable, más visceral que racional, que ha sido la esencia, desde siempre, de la experiencia poética más profunda.

Poesía -dijo Robert Frost- es lo que se pierde en la traducción. ¿Cómo no perderla? ¿Cómo retenerla o recrearla, aunque sea parcialmente? Traducir a un poeta tan "oscuro" como Thomas es doblemente difícil. La concentración sonora y semántica, el enrevesamiento sintáctico, el flujo de asociaciones libres (imágenes encadenadas, a menudo por simple semejanza fonética) y los juegos de palabras de doble, triple y cuádruple sentido obligan al traductor -en este caso, a los traductores- a ingeniarse constantes atajos y desvíos. Además, aunque sus cadencias sean menos ajenas al español que las de otros poetas más anglosajones (como Ted Hughes), la imposibilidad de reproducir la concisión verbal y los ásperos ritmos monosilábicos del inglés significa, en el caso de Thomas, poner en peligro la tensión sonora que sostiene al hermetismo semántico del original y da rienda suelta a toda su sugestividad.

Prescindir de la rima y la métrica regular -presentes en gran parte de la obra de Thomas- era inevitable pero no suponía, en sí, un problema: hay más apego a las formas tradicionales en la poesía británica que en la hispana, la rima en español es más enfática y menos flexible que en inglés y, además, los poetas hispanos emparentables con Thomas -pienso, sin ir más lejos, en el Neruda de Residencia en la tierra- suelen ser versolibristas que desdeñan a la rima. En cambio, hicimos todo lo posible para recrear, en la medida de lo posible, los juegos léxicos, la gravedad hímnica y, en términos generales pero inevitablemente imprecisos, la tensión poética (me satisfacen particularmente, por ejemplo, la primera y la última de las traducciones que siguen; en la del poema más célebre de Thomas, "Do not go gentle into that good night", me convencen los versos repetidos de la villanelle, pero siento que no supimos compaginar del todo la densidad semántica de las estrofas centrales con la tensión rítmica). Partimos de una traducción mía, lo más literal posible (algo a menudo imposible en Thomas), y nos enzarzamos durante meses en una lucha encarnizada con los poemas y entre la querencia de Vanesa hacia el heptasílabo y mis propios esfuerzos por reproducir -¿cómo hacerlo?- algunas de las asperezas y cacofonías monosilábicas del inglés.

Después de terminar la antología en 2003 y presentarla en Madrid, se nos comunicó que había sido publicada sin los derechos correspondientes, que nuestro editor no se había puesto en contacto con los herederos, que los derechos exclusivos para publicar a Thomas en lengua española pertenecían a la editorial Visor y que ésta estaba a punto de publicar su Poesía recogida. Resultado final: nuestro libro fue retirado del mercado y supuestamente destruido. Las traducciones que siguen son, por lo tanto, versiones casi inéditas de un libro prohibido y casi inexistente.

 

18 POEMAS / 18 POEMS [1934]


La fuerza que por la mecha verde

La fuerza que por la mecha verde impulsa la flor
impulsa mi verde edad; la que agosta la raíz de los árboles
es mi destrucción.
Y estoy mudo para hablarle a la rosa encorvada
de mi juventud torcida por la misma fiebre invernal.

La fuerza que impulsa el agua por las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca la boca de los arroyos
hace cera los míos.
Y estoy mudo para susurrarles a mis venas
cómo en la fuente del monte la misma boca sorbe.

La mano que agita el agua de la poza
revuelve las arenas movedizas; la que amarra el viento
hala mi mortaja.
Y estoy mudo para decirle al ahorcado
cómo de mi arcilla está hecha la cal del verdugo.

Los labios del tiempo se adhieren al manantial;
el amor gotea y se acumula, pero la sangre caída
ha de calmar sus llagas.
Y estoy mudo para contarle al viento de algún clima
cómo el tiempo tictaquea un cielo en torno a las estrellas.

Y estoy mudo para contarle a la tumba del amante
cómo avanza por mi sábana el mismo gusano encorvado.

 

The force that through the green fuse

The force that through the green fuse drives the flower
Drives my green age; that blasts the roots of trees
Is my destroyer.
And I am dumb to tell the crooked rose
My youth is bent by the same wintry fever.

The force that drives the water through the rocks
Drives my red blood; that dries the mouthing streams
Turns mine to wax.
And I am dumb to mouth into my veins
How at the mountain spring the same mouth sucks.

The hand that whirls the water in the pool
Stirs the quicksand; that ropes the blowing wind
Hauls my shroud sail.
And I am dumb to tell the hanging man
How of my clay is made the hangman's lime.

The lips of time leech to the fountain head;
Love drips and gathers, but the fallen blood
Shall calm her sores.
And I am dumb to tell a weather's wind
How time has ticked a heaven round the stars.

And I am dumb to tell the lover's tomb
How at my sheet goes the same crooked worm.

 

De la primera fiebre del amor

De la primera fiebre del amor hasta su plaga, desde el suave segundo
y hasta el minuto hueco del útero,
desde el desdoblamiento hasta el tijeretazo umbilical,
el tiempo para el pecho y la verde edad del mandil
cuando ninguna boca se movía en torno a la hambruna colgante,
todo mundo fue uno, el viento de una nada,
mi mundo se bautizó en un río de leche.
Y fueron tierra y cielo como un cerro de aire,
sol y luna esparcieron una misma luz blanca.

Desde la primera huella del pie descalzo,
la mano que se alzaba, la eclosión del pelo
y hasta el milagro de la primera redondeada palabra,
desde el primer secreto del corazón, el fantasma premonitorio
y hasta el primer mudo asombro ante la carne,
el sol era rojo, la luna era gris,
la tierra y el cielo eran como el encuentro de dos montañas.

Prosperó el cuerpo, los dientes en el tuétano de las encías,
los huesos crecientes, el rumor de la simiente de hombre
en el glande santificado, la sangre bendijo al corazón
y los cuatro vientos, que hacía tiempo soplaban como uno,
proyectaron en mis oídos la luz del sonido,
invocaron en mis ojos el sonido de la luz.
Y fue amarilla la arena multiplicadora,
cada grano dorado escupió en su prójimo la vida,
verde fue la casa melodiosa.

La ciruela que recogió mi madre maduraba despacio,
el niño que cayó de la oscuridad a su costado
crecía fuerte en la luz segura del regazo,
musculoso, peludo, despierto a la llamada del muslo
y a la voz que, como una voz de hambre,
escocía en el ruido del viento y del sol.

Y desde la primera declinación de la carne
yo aprendí la lengua del hombre, a retorcer las formas del pensar
en el idioma pétreo del cerebro,
a sombrear y zurcir remiendos de palabras
dejadas por los muertos que en sus acres sin luna
no requieren calor de ninguna palabra.
La raíz de las lenguas termina en un cáncer consumido,
ese que es sólo un nombre, en la X de las larvas.

Aprendí los verbos de voluntad y tuve mi secreto;
el código de la noche tecleaba en mi lengua;
lo que fue uno sonaba ahora con muchas mentes.

Un solo útero, una sola mente, vomitaron la materia,
un solo pecho amamantó a la prole de la fiebre;
del cielo divorciador yo aprendí lo doble,
los dos marcos del globo que, girando, fue veinte;
un millón de mentes amamantaron a un retoño
como el que divide mi ojo;
y la juventud se condensó; las lágrimas de la primavera
se diluyeron en verano y en las cien estaciones;
un solo sol, un mismo maná, el calor y el alimento.

 

From love's first fever

From love's first fever to her plague, from the soft second
And to the hollow minute of the womb,
From the unfolding to the scissored caul,
The time for breast and the green apron age
When no mouth stirred about the hanging famine,
All world was one, one windy nothing,
My world was christened in a stream of milk.
And earth and sky were as one airy hill,
The sun and moon shed one white light.


From the first print of the unshodden foot, the lifting
Hand, the breaking of the hair,
And to the miracle of the first rounded word,
From the first secret of the heart, the warning ghost,
And to the first dumb wonder at the flesh,
The sun was red, the moon was grey,
The earth and sky were as two mountains meeting.


The body prospered, teeth in the marrowed gums,
The growing bones, the rumour of manseed
Within the hallowed gland, blood blessed the heart,
And the four winds, that had long blown as one,
Shone in my ears the light of sound,
Called in my eyes the sound of light.
And yellow was the multiplying sand,
Each golden grain spat life into its fellow,
Green was the singing house.

The plum my mother picked matured slowly,
The boy she dropped from darkness at her side
Into the sided lap of light grew strong,
Was muscled, matted, wise to the crying thigh
And to the voice that, like a voice of hunger,
Itched in the noise of wind and sun.

And from the first declension of the flesh
I learnt man's tongue, to twist the shapes of thoughts
Into the stony idiom of the brain,
To shade and knit anew the patch of words
Left by the dead who, in their moonless acre,
Need no word's warmth.
The root of tongues ends in a spentout cancer,
That but a name, where maggots have their X.

I learnt the verbs of will, and had my secret;
The code of night tapped on my tongue;
What had been one was many sounding minded.

One womb, one mind, spewed out the matter,
One breast gave suck the fever's issue;
From the divorcing sky I learnt the double,
The two-framed globe that spun into a score;
A million minds gave suck to such a bud
As forks my eye;
Youth did condense; the tears of spring
Dissolved in summer and the hundred seasons;
One sun, one manna, warmed and fed.

 

MUERTES Y ENTRADAS / DEATHS AND ENTRANCES [1946]

 

Negativa a llorar la muerte, por fuego, de una niña en Londres

Jamás hasta que la oscuridad
hacedora de lo humano engendradora
de pájaro bestia y flor la que todo lo humilla
anuncie con silencio el romper de la última luz
hasta que la hora quieta
llegue al mar convulso en sus arreos

y yo deba otra vez entrar en el redondo
Sión de las cuentas de agua
y la sinagoga de la espiga, jamás
dejaré que se rece la sombra de un sonido
ni sembraré mi salada simiente
en ningún valle de penitencias para llorar

la majestad y el arder de la muerte de la niña.
No he de asesinar
la humanidad de su partida con una grave verdad
ni iré blasfemando por las estaciones del aliento
con ninguna ulterior
elegía de inocencia y juventud.

Abajo con los muertos primeros yace la hija de Londres,
vestida de largos amigos,
las semillas sin tiempo y las venas oscuras de su madre,
secreta bajo el agua sin llanto
de un Támesis a caballo.
Después de la primera muerte, no hay otra.

 

A refusal to mourn the death, by fire, of a child in Llondon

Never until the mankind making
Bird beast and flower
Fathering and all humbling darkness
Tells with silence the last light breaking
And the still hour
Is come of the sea tumbling in harness

And I must enter again the round
Zion of the water bead
And the synagogue of the ear of corn
Shall I let pray the shadow of a sound
Or sow my salt seed
In the least valley of sackcloth to mourn

The majesty and burning of the child's death.
I shall not murder
The mankind of her going with a grave truth
Nor blaspheme down the stations of the breath
With any further
Elegy of innocence and youth.

Deep with the first dead lies London's daughter,
Robed in the long friends,
The grains beyond age, the dark veins of her mother,
Secret by the unmourning water
Of the riding Thames.
After the first death, there is no other.

 

EN EL SUEÑO CAMPESTRE / IN COUNTRY SLEEP [1952]

 

No entres dócil en esa dulce noche

No entres dócil en esa dulce noche:
debe arder la vejez y delirar al fin del día;
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Aunque sepa al morir que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no relampaguearon el sabio
no entra dócil en esa dulce noche.

Tras la última ola el hombre honrado, clamando lo brillantes
que habrían bailado sus gestas pobres en las bahías verdes,
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

El rebelde, que atrapó el sol cantándolo en su vuelo
pero aprende, tarde, que lloraba su paso,
no entra dócil en esa dulce noche.

El solemne, en su muerte, al ver con vista cegadora
que ojos ciegos podrían flamear como meteoros, alegres,
rabia, rabia contra la agonía de la luz.

Y tú, padre, allá en la altura triste,
con llanto feroz maldice, bendíceme ahora, te ruego.
No entres dócil en esa dulce noche.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.


Do not go gentle into that good night

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

 

Lamento

Cuando yo era un ventoso chico y pico
y la baba negra del redil de la capilla
(suspiró el carnero viejo, moribundo de mujeres),
tímido y de puntillas en el bosque de grosellas
-lloriqueaba como un pardillo el búho procaz-
yo brincaba en mi rubor y rodaban como bolos
las chicas grandes sobre el prado de los burros,
y en noches de domingo columpiaba mis cortejos
a quienquiera que fuese con mis ojos malvados,
la luna entera podía amar y dejar a todas
las esposas de las pequeñas bodas de hojas verdes
en el arbusto de carbón y abandonarlas a su llanto.

Cuando era el vendaval de un hombre y medio
bestia negra de la congregación de escarabajos
(suspiró el carnero viejo, moribundo de perras)
-no un chico y pico en la luna que moja su mecha-
y borracho como un becerro recién parido,
silbaba toda la noche en las tuertas chimeneas,
crecían las comadronas en las zanjas de medianoche
y los lechos crepitantes del pueblo gritaban ¡Rápido!
cuando quiera que me zambullese hasta el pecho en el cardumen,
dondequiera que saltara en las colchas de trébol,
hiciese lo que hiciera en la noche de carbón,
yo dejaba mis trémulas huellas.

Cuando yo era ya un hombre que podías llamar hombre
y la cruz negra de la casa sagrada
(suspiró el carnero viejo, moribundo de bienvenida),
barítono y brandy en la flor y color de mi madurez,
no un gato de rabo erecto en el pueblo candente
-cada mujer efervescente su ratón-
sino un fogoso toro en el bochorno del verano,
llegado a su debido y dichoso tiempo
a las manadas inflamadas en la espera, decía yo,
¡oh, tiempo sobrará, cuando la sangre repte fría
y yo me acueste en el lecho sólo a dormir,
para mi hosca y rencorosa alma de carbón!

Cuando fui la mitad del hombre que era
y bien merecido como advierten en los sermones
(suspiró el carnero viejo, moribundo de ruina)
-ni un ternero vacilante ni un gato en llamas
ni un toro fogueado en la hierba lechosa
sino una oveja negra con el cuerno estrujado-,
se escurrió por fin el alma de su vil ratonera,
resentida a la llegada de los tiempos flácidos;
y yo le di a mi alma un ojo ciego y rajado,
costra y cartílago, y la vida de un rugidor,
y me la incrusté en el cielo de carbón
para encontrar un alma de mujer por esposa.

Y ahora que soy un hombre nunca más nunca más
y una recompensa negra por una vida rugiente
(suspiró el carnero viejo, moribundo de extraños),
pulcro y maldito en mi cuarto arrullado por palomas
me acuesto enflaquecido para oír charlar a las buenas campanas,
porque mi alma, ay, encontró a una esposa de domingo
en el cielo de carbón, ¡que ángeles me engendró!
¡Arpías en torno a mí paridas de su útero!
Reza por mí la castidad, la piedad canta,
la inocencia endulza mi último, negro aliento,
bajo sus alas la modestia esconde mis muslos
¡y todas las mortíferas virtudes atormentan mi muerte!

 

Lament

When I was a windy boy and a bit
And the black spit of the chapel fold,
(Sighed the old ram rod, dying of women),
I tiptoed shy in the gooseberry wood,
The rude owl cried like a telltale tit,
I skipped in a blush as the big girls rolled
Ninepin down on the donkeys' common,
And on seesaw sunday nights I wooed
Whoever I would with my wicked eyes,
The whole of the moon I could love and leave
All the green leaved little weddings' wives
In the coal black bush and let them grieve.

When I was a gusty man and a half
And the black beast of the beetles' pews,
(Sighed the old ram rod, dying of bitches),
Not a boy and a bit in the wick-
Dipping moon and drunk as a new dropped calf,
I whistled all night in the twisted flues,
Midwives grew in the midnight ditches,
And the sizzling beds of the town cried, Quick!-
Whenever I dove in a breast high shoal,
Wherever I ramped in the clover quilts,
Whatsoever I did in the coal-
Black night, I left my quivering prints.

When I was a man you could call a man
And the black cross of the holy house,
(Sighed the old ram rod, dying of welcome),
Brandy and ripe in my bright, bass prime,
No springtailed tom in the red hot town
With every simmering woman his mouse
But a hillocky bull in the swelter
Of summer come in his great good time
To the sultry, biding herds, I said,
Oh, time enough when the blood creeps cold,
And I lie down but to sleep in bed,
For my sulking, skulking, coal black soul!

When I was a half of the man I was
And serve me right as the preachers warn,
(Sighed the old ram rod, dying of downfall),
No flailing calf or cat in a flame,
Or hickory bull in milky grass
But a black sheep with a crumpled horn,
At last the soul from its foul mousehole
Slunk pouting out when the limp time came;
And I gave my soul a blind, slashed eye,
Gristle and rind, and a roarer's life,
And I shoved it into the coal black sky
To find a woman's soul for a wife.

Now I am a man no more no more
And a black reward for a roaring life,
(Sighed the old ram rod, dying of strangers),
Tidy and cursed in my dove cooed room
I lie down thin and hear the good bells jaw-
For, oh, my soul found a sunday wife
In the coal black sky and she bore angels!
Harpies around me out of her womb!
Chastity prays for me, piety sings,
Innocence sweetens my last black breath,
Modesty hides my thighs in her wings,
And all the deadly virtues plague my death!

 



Notas al pie de página:

* Niall Binns (Londres, 1956). Cursó estudios universitarios en Oxford, Santiago de Chile y Madrid. Actualmente trabaja como profesor de literatura hispanoamericana en la Universidad Complutense. Ha publicado libros sobre poetas chilenos (Nicanor Parra, Jorge Teillier, Enrique Lihn), sobre el impacto de la crisis ecológica en la poesía de Hispanoamérica y sobre el impacto en intelectuales extranjeros de la guerra civil española. Su experiencia como traductor incluye una versión inglesa de Lisistrata para una producción en Oxford, la traducción al inglés de poetas españoles como Juan Carlos Mestre y Fernando Beltrán, y la traducción al español -junto con Vanesa Pérez-Sauquillo- de Dylan Thomas).



Para citar este artículo :

Niall Binss. 2006 . «Traducir a Dylan Thomas». Documentos Lingüísticos y Literarios
www.humanidades.uach.cl/documentos_linguisticos/document.php?id=1276 (Dirección Electrónica)